Relatos eróticos – Un viaje de negocios VIII

Un viaje de negocios VIII

Salimos temprano del hotel. Queríamos llegar antes de comer. El coche nos esperaba en la puerta del hotel. Era un mono volumen gris plateado. El chofer, ataviado con un uniforme azul marino nos abrió la puerta trasera. Ya cómodamente instalados pasamos a recoger a la pareja francesa que nos recibió con una sonrisa.

El espacio de la parte trasera era muy amplio. Había cuatro asientos enfrentados, dos y dos, y una mesa que se podía sacar del suelo elevándola con un sistema mecánico. El mando, además de elevar la mesa, nos permitía poner la tele, el DVD, la música y elevar el cristal tintado que nos separaba del conductor. Era un lujo de mono volumen. Nos quitamos los abrigos y miré a Pascual que se quedó con la boca abierta observando mi conjunto.

Durante la primera media hora charlamos animadamente sobre lo que haríamos el fin de semana en el parque temático, los sitios que visitaríamos, etc. La conversación giraba en torno a cosas banales hasta que Denisse comenzó a bostezar. De pronto, quitó todo lo que había sobre la mesa y apretó el botón que la bajaba dejando el espacio libre entre los cuatro ocupantes del mono volumen. Miró a los ojos a su marido y dijo: -Tengo hambre.

-Puedes comer “todo” lo que quieras. Contestó Pierre mirándola a los ojos.

Puso la tele y subió el cristal tintado que nos separaba del chofer. Se arrodilló frente a los chicos y metió sus manos en la bragueta de su marido sacando el inmenso pollón duro como una piedra y listo para ser mamado. Empezó a hacerle una lenta mamada metiendo todo el aparato en su boca. Subía y bajaba su lengua por todo el tronco dando ligeros golpecitos con sus dedos en la punta rosada del capullo de Pierre.

Sin previo aviso cambió de polla obligando a Pascual a que se bajara los pantalones, dejando a la vista su maravillosa polla que yo tantas veces había chupado. Comenzó a chuparle los testículos al tiempo que masajeaba su polla con firmeza y cuando vio que estaba en su punto justo de dureza, volvió a cambiar para comerse la de su maridito, Pierre, no dejaba de mirarme mientras se pajeaba.

Cuando llevaba un par de minutos de rodillas frente a Pierre, miró a Pascual y bajándose, no sin dificultad, el ajustado pantalón hasta la rodilla le dijo: -Vamos cielo, demuéstrale a este coñito lo que sabe hacer una polla española.
Pascual me miró y yo asentí con la cabeza. Estaba realmente caliente, mi chochito estaba empezando a mojarse viendo a aquella zorra practicando lo que, al parecer, más le gustaba.

Pascual se arrodilló detrás de ella y metió su polla hasta los huevos en el coño de aquella zorra. Denisse no dejaba de chupar y gemir al compás de las embestidas de mi novio. Sus tetas se bamboleaban libres, una vez bajó la cremallera de la chaqueta y mostró la ausencia de sujetador. ¡Cómo gemía de placer la muy zorra! En esa postura tuvo el primer orgasmo acompañado por unos gritos y convulsiones de placer que hacían que yo cada vez estuviera más caliente.

Tras el primer orgasmo cambió de postura. Sentó a Pascual, se liberó por completo del pantalón, en un alarde de habilidad para salvar el obstáculo de los tacones y se subió frente a él para cabalgar sobre la polla de mi novio ofreciéndole el culo a su marido que pronto adivinó lo que aquella zorra quería. Con la polla de mi novio dentro de su coño y de rodillas sobre el asiento hizo una señal a Pierre que se levantó, escupió en el culo de su mujercita y metió su tranca en el agujero que ella le estaba mostrando. Lanzó un grito de dolor que pronto se convirtió en gemidos de placer. Pascual me miraba y podía observar mi excitación a través de mi respiración agitada.

Subí mi falda y me espatarré sobre el sillón. Aparté el tanga hacia un lado y mis dedos empezaron a acariciar mi clítoris y a entrar en mi coñito totalmente mojado. La francesa subía y bajaba ensartada por aquellas dos pollas enormes. Las manos de mi novio no dejaban de manosear aquellas dos fantásticas tetas que rebotaban cada vez que ella se dejaba caer. Pierre se corrió enseguida en el culo de su mujer que no paraba de gritarle: -¡Cerdo cabrón! ¿No has podido esperar a que me corriera otra vez?Pierre salió del culo de Denisse observando como el semen que había dejado dentro empezaba a chorrear por el culo de ella. Se sentó al lado y comenzó a mirar mi coño taladrado por mis dedos.

La francesa subía y bajaba a un ritmo frenético sin dejar de decir que le gustaban las pollas españolas. Pascual sonreía y le prometía que tendría polla española cuando quisiera. Yo estaba totalmente fuera de control. Mis manos tocaban mi coño y mis tetas por encima de la ropa hasta que conseguí correrme.

La rubia se levantó sin previo aviso, y mostrando su culo a Pascual le pidió que se la metiera hasta el fondo. Mi novio no se hizo de rogar. La puso de rodillas en el asiento al lado del mío y se la metió sin dificultad porque estaba totalmente lubricada todavía con el semen de su marido dentro de su culo. Mientras se la follaba por detrás, Pascual metió su mano izquierda bajo mi chaquetilla, hasta alcanzar y apartar la copa del sostén, y comenzó a pellizcarme los pezones. Sacó su mano y la bajó hasta mi coño que al notar totalmente empapado pensó que era un buen momento para que pudiese seguir jugando con él. Cogió mi mano y la llevó hasta mi coño moviéndola como si se tratase de un consolador. Mis dedos movidos por su mano entraban y salían de mi agujero empapado mientras él no dejaba de bombear el culo de Denisse que chillaba como una perra en celo.

Pierre volvía a tenerla dura y se masajeaba su tranca despacio, disfrutando de la visión de mi coño abierto y del culo de su mujer empalado por la tranca de mi novio. Se levantó y se acercó a nosotros. Se agachó frente a mi coño y comenzó a saborear los jugos que salían de él. Chupaba mis dedos cuando salían de mi agujero y pasaba su lengua por mi clítoris que había crecido de una forma considerable con tanto toqueteo. Tiró de mis piernas dejando mi culo justo en el borde del asiento y acercándose a mí me penetró con aquel trasto inmenso.
-Esta zorra es incansable, dijo Pascual señalando a la francesa. Enséñales lo que es una española hambrienta a estos franceses. Me dijo acariciando de nuevo mis tetas.

Pierre entraba y salía de mi coño cada vez más rápido hasta que hizo que me corriera con su polla dentro de mi coño. Mientras yo me corría Pascual le dio la vuelta a la francesa y le obligó a que se la chupara.

-De todas formas, decía, como tú no la chupa nadie cariño. Dijo mientras la zorra metía la verga de mi novio dentro de su boca.

-Pierre estaba a punto de correrse y le obligué a parar. Pedí un cambio de parejas. Quería ser yo quien hiciera que mi novio se corriese. Obligué a Pierre a sentarse en su sitio y senté a Pascual en el mío. Estaban sentados uno frente a otro. Nos arrodillamos (la francesa y yo) frente a las pollas de nuestras parejas y mientras nuestros culos se frotaban uno contra otro les chupamos la polla a nuestros respectivos. Acariciaba los huevos de mi novio con las dos manos mientras que le chupaba la tranca de arriba abajo. Paré un momento para mirarle la cara de placer que ponía (me encanta hacer eso) y mordisqueando su capullo fui haciéndole una paja muy despacio. Me metí toda la verga en la boca y comencé a bajar y subir cada vez más rápido hasta que se corrió llenando mi boca de su semen. Me lo tragué todo y limpié su polla con mi lengua muy despacio hasta que la dejé reluciente.

Pierre estaba a punto de correrse y mirándome a los ojos dijo: -La próxima corrida quiero que sea en tu cara putita española.
Fue Pascual el que asintió con la cabeza a Pierre, aunque creo que no se dio cuenta porque tuvo que cerrar los ojos justo en el momento de correrse en la cara de su mujercita. La leche le corría por la boca y el cuello mientras que no paraba de decirle que era el mejor del mundo en la cama.

La francesa se pasó una toallita para limpiarse y todos volvimos a nuestros sitios volviendo a charlar animadamente sobre lo que podíamos hacer una vez que llegásemos a nuestro destino. Cuando terminamos, Pascual se acercó a mí y me besó en los labios sin decir una sola palabra.

Autor: Nuria

 
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