Relatos eróticos – Una semana de camping

Una semana de camping

Por fin habíamos terminado de montar el avance de la caravana y la tienda, estábamos ya instalados en este precioso camping en el Mediterráneo. La verdad entre los cinco tampoco nos había costado tanto.

Nuestro hijo apenas habíamos terminado había salido corriendo a buscar a sus amigos de otros años; con sus catorce años era imparable. Aurora, mi hija, se fue a enseñar el camping a su amiga Sandra a la que había invitado a pasar estos días con nosotros. Marisa, mi mujer, colocaba las cosas en su sitio mientras yo aseguraba los enganches. Mientras lo hacía miraba a Marisa y pensaba lo buena que aún estaba. A pesar de nuestra edad y de tener ya una hija de 19 y el chico, se conservaba bien. Aún podía llevar, como llevaba ahora, una braguita de bikini cortita y una camiseta sin sujetador debajo. Tenía un culo muy rico y unas tetas aún tiesas.

Después de terminar nos sentamos en las sillas a tomar una cerveza y descansar; al poco llegaron las chicas que ya habían recorrido el camping. La verdad eran dos chicas muy bonitas, a Sandra apenas la conocía pues cuando había venido a casa no había casi coincidido, pero también era una chica muy bonita. Aurora se parecía mucho a mi mujer con unas caderas muy proporcionadas y unas tetas no muy grandes, pero muy bien puestas. Estuvimos charlando hasta que Jorge llegó. Entonces nos pusimos a comer.

La comida fue muy entretenida, Jorge no paraba de contarnos con quién sí y con quién no se había visto. Y Sandra era una chica muy amena y simpática. A la tarde fuimos a visitar a nuestros amigos de otros años y así pasamos la tarde, a la noche los tres se prepararon y se fueron a la discoteca del camping. A la una llegó como tenía estipulado Jorge y se metió a la tienda que habíamos montado para él. Marisa se había dormido ya. Yo me quedé leyendo a la fresca se estaba de muerte.

A eso de las tres llegaron las chicas. Se extrañaron de que aún estuviese despierto, pero se estaba tan fresco que me daba pereza meterme a la cama. Al verlas venir pensé que eran un par de bombones. Sandra se había puesto un vestido muy corto y ajustado, muy de verano con mucho escote y estaba tentadora. Hasta entonces no había caído que tenía un par de tetas bastante más grandes que las de mi hija y muy bien puestas. Cuando se dio la vuelta y se agachó, con el vestido tan corto y ajustado pude comprobar que tenía unas piernas y un culo fantástico para tener dieciocho años.

Se sentaron allí conmigo a contarme las novedades del camping, la verdad me costaba quitar la vista del canalillo de Sandra, y tenía unos muslos de quitar el hipo. Mientras ellas iban a los baños yo me metí a dormir a la caravana. Tenía esta dos camas dobles a sus dos extremos: en una dormían las chicas y en la otra nosotros. La verdad me metí con la imagen de Sandra en mi cabeza, tal es así que no corrí del todo la cortina que separa la cama nuestra del resto. Tardaron en volver y cuando entraron no pude resistir espiarlas. Ellas no podían verme, y con nuestra luz apagada menos, pero yo a ellas sí.

Mi hija me llamó bajito para preguntarme dónde estaba algo, pero me hice el dormido. Mientras mi hija buscaba, Sandra se había quitado el vestido, como no lo encontraba le empezó a ayudar a buscar. Sólo llevaba sus zapatos de tacón y un diminuto tanga que apenas le tapaba el pubis. Al verla con sus dos melones al aire me pegué un calentón que no veas. Comencé a pensar si ya se la habrían follado, la suerte que habría tenido ese pájaro. Tengo que confesar que me puse tan duro viéndola que me tuve que masturbar. Menudas vacaciones me esperaban de pajas porque Marisa ya me había advertido que allí con ellas nada de nada.

A la mañana siguiente estábamos Marisa y yo en la playa con unos conocidos cuando vinieron Aurora y Sandra, estaban las dos haciendo top-less y las dos llevaban un tanga pequeñísimo, Sandra tenía un culo de infarto y unas tetas grandes y tiesas propias de una chica de 18, con unos pezones chiquitos y muy oscuros. Me tuve que meter al agua.

Al poco entraron las dos y empezaron a provocarme para jugar, la verdad las dos allí rozándome continuamente con las tetas me pusieron a mil. Cuando luchábamos por el balón me rozaban continuamente con sus pezones tiesos del frescor del agua y no podía evitar que mis manos se fueran a ellas. Me asusté cuando me vi tocándoselas a mi hija y que me ponía cachondo también.

Mi hija dijo que se tenían que ir y empezó a salir del agua, Sandra se despidió diciéndome que había sido muy divertido, que le gustaría jugar otro día. Según iba saliendo del agua yo miraba su magnifico culo, con el tanga metido entre su rajita, en eso se puso a colocarse el tanga bien y volviéndose, creo que sabiendo que la estaba mirando, me sonrió.

A la tarde habían bajado las tres a la playa a tomar el sol, yo me quedé terminando un trabajo de la oficina en la caravana. Al de un rato apareció Sandra, al verla venir me puse mil, con un pareo y un sujetador del bikini donde casi le explotaban las tetas. Venía a buscar un libro que estaba leyendo mi mujer y se había ofrecido en subir a buscarlo. Se metió a la caravana a buscarlo. Me llamó que no lo encontraba, tampoco yo lo encontraba, al volverme se había quitado el sujetador. Me quedé quieto sin poderme mover ni que decir, mirando sin poder apartar la mirada de aquel par de tetas.

Al verme así hizo ver que se cortó: “Huy, perdona es que mientras buscabas me iba a cambiar de bikini” Estaba cortadísimo, además notaba que mi bulto empezaba a crecer, no me salía nada que decir hasta que; “No nada, podías esperar a que hubiese salido ¿no?” Fue lo único que me salió.
“Lo siento”, contestó ella “Como ya me las has visto me pareció que…” “Además en el agua me pareció que te gustaban” “¿o no?” No sabía qué hacer, no sabía qué decir, sólo me apetecía tirarme sobre ellas y comérselas. Y acercándose a mí, mientras se pasaba un dedo por el pezón me decía: “No me digas que no te gustan”. “Tu pajarito me está diciendo que sí”.

Al decir esto noté que estaba empalmado, que mi bulto era más que evidente. “¿No quieres que juguemos como en el agua y me tocas las tetas como lo hacías, o te crees que no me daba cuenta?” me venía diciendo. “Pues sí, y me has hecho mojarme, ¡cerdo!”. “Tocándome y sintiendo cómo estabas de empalmado.” “¿A todas las amigas de tu hija las sobas así, guarro? Y cogiéndome una mano se la llevo a la teta. “Ahora sí, tócala ahora me las puedes tocar a gusto ¿eh?” Y me cogió la polla. Ummmm… ¿todas las jovencitas te ponen así viejo verde? ¿O son mis tetas? Me pasaba mientras tanto su mano por encima del bañador sobándome la polla. Mi mano quieta permanecía sobre su teta sin atreverme a moverla.

Ella movía su cuerpo para que así frotase mi mano. En eso se dio la vuelta y poniendo su culo contra mi polla empezó a moverlo dándome un masaje que a punto estuvo de hacerme correr. Con el movimiento había acomodado mi polla entre sus nalgas y la masajeaba. Mientras hacía esto echó sus manos hacia atrás y cogiéndome las mías se las llevó hasta sus tetas. Empecé a sobarlas, a jugar con sus pezones pequeños, pero durísimos. Apenas abarcaban mis manos ese pedazo de tetas, la empecé a sentir gemir. El masaje que me estaba dando con su culo me estaba matando; llevó de nuevo sus manos hacia atrás y tirando del elástico del bañador me lo empezó a bajar, enseguida mi polla quedó al aire, y, saltando, sintió la carne tibia del culo de Sandra.

Incrustado entre las nalgas de ella sentía su calor y el roce con el tanga que lo tenía hundido en su culo. Se dio la vuelta me miró la polla y arrodillándose la empezó a besar, con su lengua la lamía, sus labios, ¡que labios!, no me había fijado, sus labios jugaban con mi glande, de golpe se la metió en la boca, y empezó a mamarla. Yo la cogía de la cabeza, del pelo, la sujetaba atrayéndola contra mí, como intentando que se la tragase entera, y vaya si lo hacía, entraba y en su boca hasta casi ahogarse. No era la primera vez que mamaba una polla.
Así estuvo mamándola hasta que no pudiendo aguantar más me empecé a correr, se separó sacándosela de la boca, y siguió meneándomela con la mano, hasta que el último borbotón de leche de mi polla cayó sobre sus tetas.

Se esparció por todas ellas mi leche y chupándose los dedos me preguntó si me había gustado. Le contesté que me había vuelto loco. Y ella riéndose me contestó que según dicen mi hija lo hacía mejor. No se si me enfadó o me excitó esto, pero la cogí tratando de follármela, pero ella se separó y dijo que era bastante que el coño lo guardaba para algún amigo especial. Se untó con saliva la palma de la mano y se la volvió a pasar por las tetas donde aún estaba mi leche y luego se la volvió a chupar haciendo que la saboreaba.

Los días siguientes estuvo jugando conmigo, no podía soportar que una niñata se estuviese riendo de mí, pero no podía hacer nada. Cada vez que podía me dejaba ver su culo, sus tetas, cuando había gente y no la veían, sabiendo que me ponía a cien. No he vuelto a verla, no quiero, sé que puede ser mi perdición, me vuelve loco y es una zorra que quiere jugar conmigo.

Autor: Arturo P. Pasión

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