Relatos eróticos – Nunca sera igual

Nunca sera igual

Hacía tiempo que deseaba contar lo que hace un año me sucedió, no me he atrevido ha contárselo a mi marido, ni a ninguna amiga de confianza, y esta es una buena forma de hacerlo, creo que me sentiré mejor. Me llamo Lucía, tengo 31 años, 1,65 de altura, pelo castaño con melena a media espalda, bueno, creo que estoy bien físicamente. Llevo casada 6 años con Santiago, que ha sido el único hombre de mi vida, llevamos juntos más de 12 años, tenemos una hija de 3 años, y en unos años no queremos tener más hijos. Los dos trabajamos fuera de casa, Santiago es dueño con otro socio de un comercio de electrodomésticos, yo lo hago en la administración, me considero una mujer relativamente feliz, el trabajo es relajado, aunque el sueldo sea pequeño, mi marido es un extraordinario compañero, y en el sexo lo normal, él quisiera más y para mí está bien.

Vivimos desde hace 4 años en una ciudad dormitorio que tanto proliferan últimamente en las afueras de Madrid, nos compramos un duplex, el cual estamos pagando, las casas las entregaron cuando las compramos nosotros, es decir todos los vecinos llegamos juntos, por lo que todos pusimos interés en que hubiera una buena convivencia, junto a nosotros vivían mis tíos, ella es la hermana pequeña de mi madre, de 48 años, tienen una hija de 24 años que vive con su pareja en Madrid, a pesar de la diferencia de edad, siempre hemos congeniado bien, más como amigas, que como familia.

Hace año y medio decidieron separarse, en la casa se quedó viviendo Elisa. Que así se llama ella, los dos meses siguientes los pasó francamente mal, la edad que tenía, lo veía ella como una losa insalvable para rehacer su vida sentimental, yo le insistía que ella estaba bien físicamente, y que seguía siendo muy atractiva, lo cual era cierto, era un poco más baja que yo, morena con melena corta, con buen tipo, por detrás no aparentaba en absoluto su edad. Entre mi Marido y yo intentábamos animarla, cenaba algún día en casa, salíamos a tomar algo, nuestra intención era convencerla de que olvidara buscar pareja, si tenía que llegar llegaría, que disfrutara como mujer, porque estaba en la mejor disposición.

A Santiago le habían hablado de una disco-Pub, que la frecuentaban personas de 40 a 60 años, algunas en parejas, y otras para pasar un buen rato. Ese viernes decidimos cenar fuera y luego acercarnos a la citada de ligón de discoteca, que va buscando pescar algo, Santiago también lo había observado y le insinuó entre risas que le guiñara un ojo.

-a ese no, dije yo, no me gusta, parece el típico ligón -pues no esta mal, dijo mi tía entre risas El hombre se dio cuenta que estábamos hablando de él, y con decisión se acercó a la mesa, sacó a bailar a Elisa y esta aceptó. Tendría unos 50 años, un poco más alto que yo, con pelo corto y un bigotito estrecho, se conservaba bien, aunque un pelin grueso, le repetí a Santiago que había algo en él que no me gustaba, este me contestaba que se trataba de pasar un buen rato, que si era un buscón, mejor, que ella lo que necesitaba ahora era sexo.

Se llevaron un buen rato bailando muy animados, cuando regresaron se sentaron los dos, se llamaba Fernando, era también separado por dos veces, parecía agradable, y muy atento con Elisa, a la cual se veía muy a gusto, a las 2 de la noche, cuando pensamos marcharnos, Fernando dijo que esperáramos un poco, que quería bailar otra vez con ella, desde la mesa observamos como a la segunda canción, se estaban besando, Fernando le acariciaba la espalda, le besaba el cuello, se besaban con pasión, a mi tía se la veía entregada. Pasado un rato no les vimos en la pista -voy a buscar a los tortolitos, le dije a Santiago No los encontré por la pista, los servicios estaban en el sótano, bajé y no estaban, al fondo del pasillo había una puerta, me acerqué, la abrí, allí guardaban mesas y sillas apiladas, dentro de esta habitación, había otra puerta encajada, con luz, llegué y con miedo miré, Fernando tenía los pantalones bajados, mi tía agachada le estaba chupando la polla, tuve una sensación extraña, como de protección hacia ella.

Fernando le cogió la cabeza -espera, deseo follarte -¡estás loco! Nos están esperando, además aquí no se puede La besó y le dio media vuelta, quedándose detrás de ella -ya lo haremos más cómodo, son cinco minutos Ella apoyó las manos en una máquina de juegos que estaba apilada y toda sucia, él le levantó la falda y la penetró -desde que te vi, tenía ganas de hacerte mía. Él se movía rápido, de golpe miró hacia la puerta, y nuestras miradas se cruzaron, me quedé paralizada, no me gustó la forma de mirarme, parecía como una invitación, había continuado moviéndose al mismo ritmo, reaccioné y me marché, llegué a la mesa algo alterada – no te lo vas a creer, los he visto entrar en un trastero, ya te dije que no me gustaba -¡por dios Lucía! Que tu tía tiene 50 años.

No le comenté nada más de lo ocurrido, al poco llegaron los dos como si nada y nos marchamos. Durante las dos siguientes semanas, Fernando visitó asiduamente a mi tía, y alguna noche creo que durmió en su casa, una noche cenamos los cuatro en mi casa, a mi tía se le notaba feliz, pasados estos primeros quince días la relación se fue enfriando, Fernando no aparecía tanto por su casa, la llamaba menos, siempre con alguna excusa. Un fin de semana de esos, se quedó en casa de Elisa, una compañera de trabajo, de su misma edad, también separada, pero hacía más de 10 años, el viernes por la noche estuvieron en la disco que conocimos a Fernando y estuvieron con él, mi tía regresó otra vez muy ilusionada, Mary, que así se llama su compañera, decía que era un hombre muy agradable y atento, habían quedado con él para el sábado.

Santiago me insistió para que fuera con ellas, él vuelco el corazón, pensé inmediatamente en la habitación, le dije que yo también quería llamar a Santiago, y bajé al sótano, me acerqué a la primera puerta, entré, y estando en ella, escuché las voces de los dos que se acercaban, aturrullada entré en la otra habitación y me escondí asustada, los dos entraron en la primera habitación -estás loco Fernando, es mi compañera, y tú. Tú -¡mi nada! Los dos queremos follar, esa es la única verdad. Durante un instante, se escucharon susurros mientras se besaban, pasado un tiempo entraron, Fernando se bajó los pantalones y sacó la polla erecta -mira como me has puesto, chúpamela.

Ella se agachó y comenzó a chupársela -tú si que eres una mujer de verdad, no tu compañera. La cogió por la cabeza. ¡Espera! Follemos, Mary se incorporó, él la atrajo y la besó en la boca -no da tiempo, nos están esperando -son solo cinco minutos -si, fóllame, o me voy a volver loca. Se colocó detrás de ella y la penetró, se movía rápido, igual que con mi tía, la cara de él parecía como de posesión, como si fuera el dueño de ella, Mary estaba fuera de si -aahh, aahh, no te corras todavía, sigue Fernando tuvo varias descargas violentas y la inundó, la sacó y la limpió con un pañuelo suyo, ella se volvió y le besó.

Al llegar a casa se lo conté a Santiago -ya te dije que era un sinvergüenza -Lucía, por favor, que se folle a otra mujer no es un sinvergüenza, en todo caso la compañera de tu tía. Una semana después mi tía no tenía noticias de Fernando, y le dijo a Santiago que porque no lo invitaba a cenar, y con esa excusa intentar relanzar la relación entre ellos, me opuse rotundamente, pero mi tía estaba colada por Fernando, y le insistía a mi marido, diez días más tarde Santiago logró hablar con él y le invitó a cenar en casa, a pesar de mi oposición.

Habíamos preparado la mesa en la terraza de mi tía, la nuestra la estábamos reformando, cual fue mi sorpresa al llegar Mary, Elisa la había invitado sin decirnos nada, Santiago me calmó, al rato apareció Fernando, tomamos unas copas mientras hablábamos y mirábamos la televisión, yo había preparado unas bandejas para una cena fría, las cuales tenía en mi casa, me levanté por ellas y le dije a mi tía que me acompañase, Fernando se ofreció -deja Elisa yo iré. Entramos en la casa, pasamos el salón y llegamos a la cocina, le dije las bandejas que eran, habría que llevarlas en dos veces, cogí las dos primeras, y en la mitad de la cocina, Fernando me agarra por la cintura y mete la mano derecha por debajo de mi falda, me la introduce en el tanga que llevaba puesto y empieza a tocarme, yo llevaba puesta una falda por debajo de las rodillas, amplia y cómoda, y un jersey, me quedé estupefacta -¡que haces cabrón!

Me acercó hacía él, notaba su aliento en el cuello, casi rozándome el oído me susurró -follarte, como estás esperando desde que viste como me follaba a tu tía -¡déjame! o grito, hijo de puta. En medio de la cocina, con las dos bandejas, tenía las dos manos inutilizadas, él me seguía masturbando y besándome el cuello, se bajó el pantalón, me levantó la falda, y noté la polla caliente en mis nalgas, le supliqué -por favor, déjame, no diré nada, podemos contagiarnos algo, puedo quedarme embarazada -¡Mejor! No me importaría ser padre otra vez, estás deseando que te meta la polla, tu coño así lo dice – la cocina Mary, se quedó inmóvil, me daba igual, noté su lengua moverse, y su saliva, en ese movimiento se salió su polla, me dio la vuelta, me quedé frente a él, mis brazos encima de sus hombros, mis piernas enroscadas en su cintura y cogida con las dos manos en las nalgas por él -métemela, métemela.

Durante más de un minuto nos besamos y mordimos la boca, con un frenesí que yo no recordaba desde novia con Santiago, durante ese beso, Mary se acercó, cogió la polla y la puso en la entrada de mi culo (nunca había querido hacerlo por ahí, ni creo que quiera), pero en ese momento todo me excitaba, Fernando empezó a mover las nalgas arriba-abajo, pero no acababa de entrar, Mary le cogió de nuevo la polla -toma disfruta de este coñito, y me la metió.

Ella me metió un dedo en el culo, lo sacaba y lo metía, fue una sensación muy placentera, al momento me metió dos dedos juntos, los movía como follándome el culo con ellos. Fernando producía mucha saliva, notaba borbotones caer en mi boca, siempre me había dado asco, pero todo me gustaba, tenía las mejillas llenas de saliva Mary quitó los dedos, sacó la polla y la volvió a poner en la entrada del culo -déjala caer más, Fernando.

Ella con la otra mano me agarró la cintura y me empujó hacia abajo, a la vez que Fernando me bajaba, noté una presión enorme en el culo, como si me quemara -entra, entra, ya esta la cabeza, dijo Mary muy excitada. Varios segundos antes acababa de tener un orgasmo y separar nuestras bocas -vamos entra, entra, verás que culo más rico. Noté dolor, me quemaba, parecía que reventaba, me agarré a Fernando con fuerza -¡ay!- ¡ay!, cuidado -ya esta casi media, dijo Mary.

En uno de esos movimientos, ella me agarró por la cintura empujando hacía bajo, con fuerza, sentí como entraba, como si fuera un hierro hirviendo, le apreté con fuerza la cabeza, se me escapó en su oído un quejido -aaaaayyyy -ahora si esta media polla dentro, disfruta en este culito nuevo, dijo Mary, como hablándole a la polla, sus dedos tocaban los alrededores de la entrada del culo, y me acarició el clítoris Fernando metió la lengua en mi oído y me susurró en él – tranquila, tranquila.

Dejó de subirme y bajarme, y con su polla como un tapón de botella en mi culo, tenía algunos pelos pegados en la cara con el sudor, a él le caía por la frente, su lengua llena de saliva me recorrió el cuello, hasta acabar dejando buena parte de ella en mi boca -déjala caer de golpe y entra entera, insistía Mary. Me levantó para sacarla de mi culo, sentí un alivio enorme, me dejó en el suelo –chúpamela. A Santiago se la chupaba de vez en cuando y siempre después de ducharse, me arrodillé, le pasé la lengua por la cabeza y se la besé, Mary me cogió la cabeza y me la empujó suavemente -chupa, chupa, querida, que sabe a ti -sigue así, muy bien, muy bien, verás como te sabe a él. Ella se acercó a Fernando casi rozándole los labios -te pone follarte a tía y sobrina, verdad.

Empezaron a besarse, Mary abrió las piernas encima de mi cabeza -me has puesto a cien, no te corras y fóllame. Al escucharlo paré. Ella sacó la polla de mi boca y se la metió, estaba de puntillas, empezó a moverse arriba-abajo -no, sigue chupándomela Lucía, respondió Fernando.

Mi cara se encontraba a escasos centímetros, escuchaba como un plas cada vez que entraba la polla, la entrada del culo de Mary casi la rozaba, había perdido el control por completo, la situación me excitaba sobremanera. Empezó a moverla con rapidez, la polla entraba y salía, entraba y salía, de pronto paró con la polla dentro de mi boca, noté una descarga grande de semen, como no esperaba que lo hiciera, tragué algo y el resto lo tenía en la boca, intenté sacarla, pero ella me sujetó con fuerza y noté otra descarga, tragué más, tenía la boca llena, me soltó -trágatela como tu tía, que es lo que tú querías. Me fui al fregadero a tirarlo, me dio nauseas, los miré -no quiero veros más en mi vida, hijos de puta, en mi vida. No respondieron, él se limpió la polla con un pañuelo suyo y el sudor con una servilleta, Mary salió con dos bandejas para casa de mi tía, yo me aseé un poco, me hubiera gustado ducharme, tenía un olor a saliva asqueroso.

Nunca más he vuelto a ver a Fernando y a Mary, pasé dos meses francamente malos, con un sentimiento de culpa, que el tiempo me ha ido quitando. Aquello no ha cambiado mi actitud hacia el sexo, sigo pensando lo mismo y me gusta lo mismo, aquello fue una situación excepcional, que como tal la he tomado.

Autor: Alucine

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