Relatos eróticos – Infidelidad con el mecánico

Infidelidad con el mecánico

Soy maestra, madura con varios años de casada, desde que me casé nunca había engañado a mi marido, a pesar de que tengo muchos pretendientes, pero mi marido siempre ha sido muy celoso.

Esto a la larga cansa y si luego, las amigas y compañeras relatan sus infidelidades pues yo también tenía muchas fantasías, hasta que las circunstancias me llevaron a cometer una infidelidad, hasta cierto punto porque me obligaron.

Yo había ido a una fiesta donde había varias maestras y maestros, mi esposo llegó tarde, comenzó con sus celos, haciéndome pasar una noche poco agradable, que siendo las diez de la noche, después de estar discutiendo, mi esposo me tiró las llaves del coche y se fue.

A los pocos minutos yo también me fui del lugar, casi a las afueras de la ciudad, estaba semioscuro, arranqué el vehículo, y decidí irme a casa, no había recorrido algunos kilómetros cuando el coche, casi nuevo, se detuvo, traté de encender el motor varias veces, pero no tuve resultado. Hablé por el móvil con la aseguradora, pero no obtuve respuesta, así que llamé al mecánico muy conocido de mi marido, un hombre de unos setenta años, regordete, chaparro, de 1.58 de estatura, calvo, muy moreno, un hombre que para nada coincidía con mis gustos, altos, delgados, educados y que varios de ese tipo me pretendían y que en la fiesta me habían invitado a bailar.

Mientras esperaba a, le llamaré don Chon, el mecánico, que no es su nombre real, el miedo me invadía, así que me mantuve dentro del vehículo, además estaba un poco borracha, vestía una falda con colores llamativos, con vuelo, que me llegaba a la mitad de mis carnosos muslos, una blusa semitransparente y un abrigo corto, que permitía observar mis grandes senos, mi brassier de encajes, con media copa B, talla 40. Era peligroso estar sobre la carretera, cerca de una pendiente, con pocas casas alrededor y árboles.

Pero no pasó más de media hora cuando don Chon apareció, con una pequeña grúa, saludándome, buenas noches maestra, preguntándome, ¿y su esposo?, mire como son las cosas, ahora no viene, este auto se paró, le contesté. Yo me bajé del vehículo, ¡pero para que!, los automovilistas que transitaban, pitaban, y uno que otro atrevido, gritaba, mamacita, que buena estás, tienes unas piernas o, que bizcochito para mi cena. Yo me ruboricé y le dije a don Chon que se apresurara, trató de encender el vehículo, y exclamó: ¡es la bomba de la gasolina! lo tendré que llevar al taller.

Mientras lo enganchaba, yo traté de comunicarme con mi marido, pero su móvil al parecer estaba apagado. Llamé a casa y tampoco había alguien que me contestara. Traté de parar un taxi, y por esa zona, era imposible. No había otra, debía viajar con don Chon hasta su taller.

Don Chon muy atento me dijo, maestra súbase a la grúa, allá en el taller encontrará taxi y si no, yo la llevo a su casa. Con dificultad me subí y pude oler a alcohol, don Chon si que estaba también algo borracho, pero no quedaba otra, además, cuando me abrió la puerta, pude sentir su lujuriosa mirada sobre mis piernas y dentro de la grúa, no perdía detalle de mis senos.

Se me hizo eterno el viaje, aunque su taller estaba a escasos 15 minutos, no hablamos hasta que llegamos. Abrió el zaguán, metió la grúa y el auto, pero no se que pasó, que cuando me di cuenta, con toda atención me estaba ayudando a bajar de la grúa, claro, sin dejar de mirarme las piernas y los pechos. Con cuidado maestra no se vaya caer, me dijo y creo que se había notado que estaba un poco borracha.

Miré mi reloj, eran las 12 de la noche, y yo estaba ahí sola, con un hombre que no era mi marido, aunque el taller estaba en su casa, al parecer la esposa de Chon dormía en profundidad, además que había cierta distancia entre el taller y las habitaciones. Por cierto, la esposa de don Chon era una mujer gorda, desaliñada, con cabello largo, de una estatura de 1.50 aproximadamente, de unos 68 años, contrastando con mi silueta delgada, mi cabello corto bien estilizado, mis torneadas piernas, que esa noche estaban cubiertas por medias color natural, sostenidas por un atractivo ligero de encajes finos y unos zapatos de tacón que me permitían alcanzar una estatura de 1,72.

Seguramente don Chon, fuera de alguna prostituta, nunca había estado cerca de una mujer de unos 40 años bien conservada, con olor a fragancia, extrañamente comencé a fantasear. ¿Por qué no darle ese gusto?

Don Chon, creo que estaba más lujurioso, porque ya sin ninguna pena me barrió de abajo hacia arriba con su vista, tanto que pude notar como su pene estaba parado, parecía una carpa de circo, que sin ningún rubor mostraba. Sin embargo, aún así me dijo, maestra, si quiere llamo por teléfono a su base a un amigo taxista, aunque también ya sabe que con gusto, suspiró, la llevo.

Le dije, no don Chon, mejor llame a su amigo, bueno, me respondió, mientras me invitaba a pasar a una pequeña oficina donde estaba el teléfono y donde había varios carteles con fotos de mujeres semidesnudas. Habló con su amigo, y me dijo que tardaría una media hora, mientras tanto, abrió un escritorio y sacó un poster, pero cuál fue mi sorpresa al ver que la mujer que estaba fotografiada era yo, a un lado de mi auto, claro que con ropa, una blusa negra tipo suéter, una minifalda de piel color negro, medias, y zapatillas de color rojo encendido. Esa foto, me dijo, me la había tomado en una ocasión que acompañé a mi esposo al taller, y que si no me molestaba lo había hecho como un tributo a mi belleza y que no me enfadara que yo a él, le gustaba un chorro.

Yo estaba sorprendida, pero no se que pasó, que en breves segundos mi cuerpo se estremeció, y una extraña sensación de calor me invadió, estaba sumamente excitada, don Chon a unos treinta centímetros, diciéndome eso, se acerco más a mi, yo estaba frente a su escritorio, él se pasó para atrás, diciéndome, maestra, perdóneme, pero me gusta mucho, tiene unas piernas increíbles, un cuerpo de ensueño, está usted riquísima, tanto que hasta me he masturbado viendo su foto.

Don Chon, por fin, se pasó atrás de mi, sentí su respiración agitada, yo sentí un escalofrío en mi espalda, y alcancé a decir, no don Chon, ya me voy, mi marido me espera, se va a enojar si no llego, es muy tarde, mejor lléveme a mi casa, además su mujer va a despertar y que va a pensar. Esa vieja duerme toda la noche, nunca despierta.

Yo me quise mover, pero don Chon me había puesto sus gruesos brazos sobre mi cintura, no se vaya maestra, no le voy hacer nada que no le guste, mientras suspiraba oliendo mi fino perfume. Pude sentir su aliento alcohólico que resollaba sobre mi cuello. Volví a repetir, no don Chon, déjeme ir, que me quiere hacer, pregunté. Pero don Chon, de repente me apretó con su grueso y gordo cuerpo sobre el escritorio y pude sentir un bulto, bien atrás de mi cola, que empujaba fuerte, yo me estremecí, la temperatura subió y lo único que se me ocurrió fue gozar ese momento, entonces aparenté querer salir de esa situación, por lo que movía la cola, mis nalgas, las subía y las bajaba, hacía un movimiento circular, mientras mis manos estaban reposando en el escritorio y los brazos y manos de don Chon, me habían tomado de la cintura, hasta que una de sus manos, se metió bajo mi falda, agarrando uno de mis glúteos. Mmmmmmmm, que redondo y abultado tiene el culo maestra, es divino.

No aguantaba más, y le dije, don chon, no por favor respéteme, soy casada y usted también lo es, además no tarda en llegar el taxi. Que espere, quiero disfrutar este momento, y continuaba acariciándome mis nalgas, jugaba con el liguero, su boca, besaba mi cuello y parte de mi espalda.

Mientras yo aparentaba tratar de liberarme, don Chon seguía apretando mi cintura y con la otra mano, acariciaba los muslos de mis piernas, creo que no lo podía detener y le dije, no don Chon suélteme por favor, o voy a gritar en estos momentos, respondiéndome, maestra, grite, porque el taxi no va a venir, ni mi esposa y mis hijos están aquí, se fueron a casa de mi suegra.

Al decirme eso mi excitación creció, al saber que si no hacía otra cosa, terminaría ensartada en la verga de un viejo que me llevaba más de 30 años. Pero aún así no podía entregarme así de fácil, porque podría pensar lo peor don Chon, así que aparenté poner resistencia, diciéndole, no don Chon, déjeme ir, por favor, no me apriete tanto, lo que hizo, lo que me dio oportunidad quedar frente a él, pero que aprovechó para, con dificultad, besarme en la boca. Mmm que rico maestra, que boquita tan linda, que cara de ángel, que hoyitos bonitos se le hacen en sus cachetitos, mientras su lengua se introducía en mi boca y mis manos aparentaban empujarlo.

Yo la verdad, estaba superexcitada, mi cuerpo más alto que el de él, sobre todo por los zapatos de tacón alto con broches, estaba pegado y podía sentir su trozo de carne como estaba crecido, que parecía reventar su pantalón que afortunadamente no estaba sucio de grasa. Con temor, bajé una de mis manos, pero me sorprendí, porque, en ese momento sentí, el bulto, escondido bajo su pantalón, estaba duro, muy duro, sin más se lo apreté, pero eso hizo que creciera el deseo porque don Chon, la verdad, me cojiera.

Don Chon me besaba en la boca, pero poco a poco me abrió mi diminuto abrigo, bajó a mis pechos, queriendo comérselos, que melonsotes tiene mi maestra, me los voy a cenar con el permiso de su marido. Ya don Chon, déjeme ir, si, por favor, se lo suplico, dije con voz suave.

Yo estaba recargada en el escritorio y mejor decidí sentarme, de tal modo que don Chon, ya me pudo besar fácilmente, pero también, tomarme de la cintura, posar sus manos sobre mis muslos, seguir besando mis pechos y bajar a mi vagina, levantando mi falda, haciendo a un lado mi tanga de encaje, y meterme la lengua en mi vagina.

Yo me hice que estaba más borracha, y decía, no don Chon, ya no, déjeme ir, va a venir mi esposo, Don Chon había dejado de meter su lengua en mi vagina, se había levantado y estaba besándome en la boca; sin embargo un fuerte impulso dirigió mis manos hacia su pene, que ya estaba afuera, los pantalones de Don Chon habían caído al suelo, miré hacia abajo, y pude ver un tremendo palo, grande de unos 19 cm, grueso muy grueso, superior al de mi marido, 5 cm más grande, que me hizo olvidarme de todo, y sin más, le dije, ya don Chon, cojame, métamela, hágame suya. Quiero su piito quiero toda su verga.

Sí maestra, como no, la voy a complacer, me la voy a coger, se la voy a meter, y abrió mis piernas, yo estaba sentada en su escritorio, don Chon acarició mis muslos, sus dedos recorrían mis piernas, desde mis pantorrillas, mis rodillas. Mis manos, jugaban con su pene, le estaba ayudando a encontrar el agujero. Don Chon, le dije, ahí está su hoyito, ahí esta la casa de su pajarito. Sí, maestra, abrase bien, que ahí le va su camote, mi maestra, al fin acercó su verga, y comenzó a metérmela, poco a poco, yo cerré mis piernas, atrape un poco su grasiento cuerpo, su panza la sentía recargada sobre mis piernas y mi vientre.

Mas, don Chon, métamela más, así, que rico, aahhh, sabroso. ¿Le gusta, maestra? mucho, a caray que linda, dijo don Chon, nunca pensé que estas pulgas brincaran en mi petate. Pero que pulga, es usted una diosa, mamacita, mientras su pene se movía. MMMM, ¿quiere por el culo?

Cuando me dijo esto me espanté, pues ni mi esposo me la había metido por ahí, pero era tanta mi excitación que, sólo dije, si quiere don Chon, pero le advierto que usted me va a estrenar y debe ser cuidadoso.

Don Chon estaba fascinado, sus ojos se le desorbitaron, me sacó su verga, y con cuidado me volteó, me puso sobre el escritorio, alzó la falda, me bajó mi tanga que quedó atorada en mi liguero, y me dio unas palmadas en los glúteos.

¡Que bueno nalga tiene maestra! Separó los glúteos, los abrió, mientras yo con miedo reposaba mi cara en su escritorio y con una de mis manos alcanzaba la verga de don Chon, que estaba bien parada y dura, y la trataba de jalar al agujero, a mi ano. Cosa que recostaba por la gordura de don Chon.

Por fin, sentía que su polla, rozaba mi culo, y de repente, sentí un dolor desgarrador, fuerte, que me hizo gemir y sacar lagrimas, pero ya estaba la cabeza del pene de don Chon adentro, y nuevamente, otra vez, sentí un dolor todavía más fuerte, pero a la vez placentero, creo que ya estando todo el pene adentro, lo gozaba, y le suplicaba a don Chon, no lo saque, no me lo saque nunca, papacito, así, déjemelo para siempre y por vez primera, tenía un orgasmo con la verga ensartada en mi culo, además, perdía mi virginidad anal con Don Chon. Como gocé.

Después don Chon, que parecía tener la energía de un joven, y después de haber eyaculado en mi culo, por un rato estuvo acariciando mis piernas las besaba por encima de mis medias, hasta que, me quito la minifalda, mi saco y mi brassier, dejándome semidesnuda, sólo con mis zapatos, mis medias, mi liguero, me quitó mi tanga, que desde luego rompió, guardándola, junto con mi brassier como trofeos. Se sentó en una silla, me llevó hacia él, y me dijo, despacio maestra, siéntese aquí, en este cabezón, yo obedecí, tomé el pene de don Chon, y puse mis nalgas y me fui acercando, pero todavía le dije, por donde don Chon, él respondió, por la vagina maestra, soy comprensivo, quiero su vagina que no la ha probado mi verga. Si don Chon, me senté y su pene fue ensartándose en mi agujero. Que rico don Chon, así, así: Si maestra, esta usted rebuena, como la estoy gozando. Tardamos bastante tiempo así, hasta que tuve dos orgasmos más y Don Chon me derramó el semen nuevamente. Sacó el pene, y me arrodillé para limpiarlo, tragándome sus espermas, su semen, también siendo la primera vez que lo hacía, porque nunca con mi esposo lo había intentado, aunque él me quería obligar.

Terminamos, me vestí, aunque sin tanga y brassier, don Chon, me llevó a casa en su auto, esperó a que entrara y se fue, entré y mi marido estaba completamente borracho tirado en el sofá. Lástima de él, al otro día, el recogería el automóvil, si no iba, con gusto iría yo.